La segunda mitad de su vida…


La segunda mitad de su vida

Cuando trabajo significaba, para la mayoría de la gente, labor manual, no había necesidad de preocuparse por la segunda mitad de la vida. Simplemente, uno seguía haciendo lo que siempre había hecho. Y si tenía la suerte de sobrevivir a 40 años de trabajo duro en una fábrica, estaba feliz de pasar el resto de la vida sin hacer nada. Hoy, sin embargo, la mayor parte del trabajo es “trabajo inteligente”, y los trabajadores del conocimiento no están “terminados” al cabo de 40 años de trabajo; sólo están aburridos.

Escuchamos hablar mucho de la crisis de la mitad de la vida de los ejecutivos. Fundamentalmente, se trata de aburrimiento. A los 45 años, casi todos los ejecutivos han llegado al pico de sus carreras; y lo saben. Después de 20 años de hacer prácticamente el mismo tipo de trabajo, sin duda son muy buenos en él. Pero ya no están aprendiendo, aportando algo, ni sienten que ese trabajo sea un desafío, o una satisfacción. Sin embargo, es muy probable que aún les queden otros 20 o 25 años de vida laboral por delante. Esa es la razón por la cual quienes se manejan a sí mismos, cada vez más, inician una segunda carrera.

Hay tres formas de encarar un desafío de ese tipo. La primera es  empezando una. Con frecuencia, sólo hace falta pasar de una clase de organización a otra: el auditor de división de una empresa grande, por ejemplo, se convierte en auditor de un hospital mediano. Pero también hay cada vez más gente que opta por una línea de trabajo  completamente diferente: el ex ejecutivo de una empresa que ingresa a una dependencia gubernamental, por ejemplo, o el gerente de nivel medio que deja la vida corporativa, después de 20 años, para estudiar derecho y, una vez recibido, se instala como abogado en una ciudad pequeña. Con el tiempo, cada vez más personas que tuvieron un éxito moderado en sus primeros trabajos encararán una segunda carrera. Es gente con habilidades sustanciales, y que sabe trabajar. Personas que necesitan una comunidad, un lugar de referencia –la casa está vacía, los hijos se han ido–, y también ingresos. Pero, por encima de todo, necesitan un desafío.

La otra manera de prepararse para la segunda mitad de la vida es desarrollar una carrera paralela. Mucha gente exitosa mantiene su empleo, ya sea trabajando todo el día, en la modalidad part -time, o como consultor. Pero, además, se ocupa de una labor paralela, generalmente en una organización sin fines de lucro, que le demanda ot ras 10 horas semanales de actividad. Algunos se hacen cargo de la administración de su iglesia, de la presidencia de un club local, dirigen un hogar para mujeres golpeadas, o participan de la junta directiva de un colegio, entre otras actividades.

Y, finalmente, están los emprendedores sociales. Habitualmente se trata de individuos que han tenido mucho éxito en sus primeras carreras. Aman su trabajo, pero ya no es un desafío para ellos, razón por la cual le dedican cada vez menos horas. Y también comienzan otra actividad, por lo general sin fines de lucro. Es probable que la gente que sabe manejar la segunda mitad de su vida siempre sea una minoría, y que la mayoría se dedique a contar los años que le quedan para jubilarse. Pero los hombres y mujeres que ven en una larga expectativa de vida laboral una segunda oportunidad, para sí y para la sociedad, serán los nuevos líderes y modelos.

Para manejar la segunda parte de la vida hay un prerrequisito: empezar mucho antes de ingresar a ella. Hace 30 años, cuando se hizo evidente que la expectativa de vida laboral aumentaba rápidamente, muchos observadores creyeron que los jubilados habrían de convertirse en voluntarios de las instituciones sin fines de lucro. No fue así. Si no comenzamos un trabajo voluntario alrededor de los 40 años, es difícil que lo hagamos pasados los 60.

Los emprendedores sociales que conozco iniciaron su segunda actividad mucho antes de llegar al pico de su primera carrera. Un abogado que se lanzó a fundar escuelas modelo en su estado, empezó a ofrecer asesoramiento jurídico gratuito para colegios cuando tenía alrededor de 35 años.

Fue elegido miembro de la junta directiva de una escuela de su ciudad a los 40. A los 50, cuando ya había amasado una fortuna, se dedicó a construir y dirigir escuelas modelo. Sin embargo, sigue trabajando casi full-time como socio del estudio jurídico que fundó cuando era muy joven.

Hay otra razón para desarrollar una actividad alternativa a temprana edad. Nadie puede tener la expectativa de vivir muchos años sin sufrir un contratiempo serio, ya sea personal o laboral. Está el competente ingeniero que a los 45 años pierde un ascenso. O la profesora  universitaria que a los 42 advierte que nunca podrá enseñar en una gran universidad, aunque tenga las condiciones para hacerlo. Y también ocurren tragedias personales: la disolución del matrimonio, o la pérdida de un hijo, sin ir más lejos. En esas ocasiones, otro interés importante –y no sólo un hobby– puede resultar muy beneficioso. El ingeniero que no ha tenido suerte en su trabajo, en su segunda actividad –como tesorero de la iglesia, por ejemplo– puede desarrollarse exitosamente. Y si la familia se desintegra, una persona puede encontrar una comunidad en su segunda actividad.

En una sociedad en la que el éxito es un elemento crítico, tener opciones se volverá cada día más vital. En el pasado, una abrumadora mayoría de personas no aspiraba a otra cosa que a quedarse en “donde estaba”, tal como dice una antigua oración inglesa. La única movilidad posible era la descendente. En la sociedad del conocimiento, sin embargo, todos aspiran al éxito. Algo imposible, desde cualquier punto de vista. A mucha gente, el destino le depara, en el mejor de los casos, ausencia de fracaso. Y si algunos triunfan, otros están lejos de alcanzar esa meta. Por lo tanto, para el individuo, y para su familia, es esencial encontrar un área a la que pueda hacer una contribución significativa, y ser “alguien”. Eso significa tener una segunda carrera profesional, una tarea paralela o un emprendimiento social, que brinde la oportunidad de ser líder, respetado o exitoso.

Los desafíos de auto-gerenciarse pueden parecer obvios, si no elementales. Y las respuestas pueden parecer tan evidentes, hasta el punto de resultar ingenuas. Pero la necesidad de manejarse a sí mismo le demanda al individuo, y sobre todo al trabajador del conocimiento, esfuerzos inéditos. En realidad, cada persona tiene que pensar y  comportarse como el gerente general de su propia vida. Además, el cambio del trabajador manual, que hace lo que se le ordena, al trabajador del conocimiento, que debe auto-gerenciarse, implica un profundo desafío para la estructura social. Todas las sociedades existentes, hasta la más individualista, dan por sentadas dos cosas, quizá inconscientemente: que las organizaciones sobreviven a los trabajadores, y que la mayor parte de la gente permanece en el lugar en el que está.

Pero la realidad de hoy demuestra exactamente lo contrario. Los trabajadores del conocimiento sobreviven a las organizaciones, y registran alta movilidad. La necesidad de auto-gerenciarse, por lo tanto, está impulsando una revolución social.

 

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