Quien se ha llevado mi queso…


Les comparto un trabajo que realice sobre el Libro Quien se ha llevado mi queso de Johnson Spencer. Es un breve resumen que espero les agrade, o bien si ustedes así lo desean al final de esta página están los videos de esta fábula.

En Resumen.

Cada uno de nosotros tiene su propia idea de lo que es el queso, y va tras él porque cree que le hace feliz. Si lo consigue, casi siempre se encariña con él. Y si lo pierde o se lo quitan, la experiencia suele resultar traumática.

En el cuento, el “laberinto” representa el lugar donde pasas el tiempo en busca de lo que deseas. Puede ser la organización en la que trabajas, la comunidad en la que vives o las relaciones que mantienes en tu vida.

Porque, como toda empresa que aspire no sólo a sobrevivir, sino a ser competitiva. Mientras que en el pasado queríamos empleados leales, hoy necesitamos personas flexibles que no sean posesivas con “la manera de hacer las cosas aquí”.

El Cuento.

ERASE UNA VEZ un país muy lejano en el que vivían cuatro personajes.  Todos corrían por un laberinto en busca del queso con que se alimentaban y que los hacía felices.

Dos de ellos eran ratones, y se llamaban Oliendo y Corriendo (Oli y Corri para sus amigos); los otros dos eran personitas, seres del tamaño de los ratones, pero que tenían un aspecto y una manera de actuar muy parecidos a los de los humanos actuales. Sus nombres eran Kif y Kof.

Oli y Corri, los ratones, aunque sólo poseían cerebro de roedores, tenían muy buen instinto y buscaban el queso seco y curado que tanto gusta a esos animalitos. Kif y Kof, las personitas, utilizaban un cerebro repleto de creencias para buscar un tipo muy distinto de Queso, que ellos creían que los haría ser felices y triunfar.

El laberinto era un dédalo de pasillos y salas, y algunas de ellas contenían delicioso queso. Pero también había rincones oscuros y callejones sin salida que no llevaban a ningún sitio. Oli olfateaba el aire con su gran hocico a fin de averiguar en qué dirección había que ir para encontrar queso, y Corrí se abalanzaba hacia allí. Sin embargo, Kif y Kof, las dos personitas, utilizaban un método distinto que se basaba en su capacidad de pensar y aprender de las experiencias pasadas, aunque a veces sus creencias y emociones los confundían.

Oli y Corri se despertaban temprano todas las mañanas, cuando llegaban a su destino, los ratones se quitaban las zapatillas y se las colgaban del cuello para tenerlas a mano en el momento en que volvieran a necesitarías. Luego, se dedicaban a disfrutar del queso.

Al principio, Kif y Kof también iban corriendo todos los días hasta la Central Quesera “Q” pero, al cabo de un tiempo, Kif y Kof se despertaban cada día más tarde, se vestían más despacio e iban caminando hacia la Central Quesera “Q”. Al fin y al cabo, sabían dónde estaba el queso y cómo llegar hasta él.

Las personitas se sentían felices y contentas, pensando que estaban a salvo para siempre, trasladaron su casa cerca de la central y construyeron una vida social alrededor de ella. Para sentirse más a gusto, Kif y Kof decoraron las paredes con frases e incluso pintaron trozos de queso que los hacían sonreír.  Una de las frases decía:

“Tener Queso Hace Feliz”

Oli y Corrí seguían haciendo lo mismo todos los días. Por la mañana, llegaban temprano a la Central Quesera “Q” y husmeaban, escarbaban e inspeccionaban la zona para ver si había habido cambios con respecto al día anterior.  Una mañana, llegaron a la Central quesera “Q” y descubrieron que no había Queso. Como habían notado que las reservas de queso habían ido disminuyendo poco a poco, Olí y Corrí estaban preparados para lo inevitable e, instintivamente, enseguida supieron lo que tenían que hacer.

Kif y Kof hicieron su aparición en la Central Quesera “Q”. No habían prestado atención a los pequeños cambios que habían ido produciéndose y, por lo tanto, daban por sentido que su queso seguiría allí.

La nueva situación los pilló totalmente desprevenidos.

-¿Qué? ¿No hay Queso? -gritó Kif -. ¿No hay queso? -repitió muy enojado, como si gritando fuese a conseguir que alguien se lo devolviera-. ¿Quién se ha llevado mi queso? -bramó, indignado.  Finalmente, con los brazos en jarras y el rostro enrojecido de ira, vociferó:

¡Esto no es justo!

Para Kof, el queso significaba simplemente sentirse a salvo, para Kif, significaba convertirse en un Gran Queso con otros a su cargo y tener una hermosa mansión en lo alto de las colinas Camembert.

Aquella noche, Kif y Kof volvieron a casa hambrientos y desanimados; pero, antes de marcharse de la Central Quesera “Q”, Kof escribió en la pared:

“Cuanto más importante es el queso para uno, más se desea conservarlo”

Al día siguiente, Kif y Kof salieron de sus respectivas casas y volvieron a la Central Quesera “Q”, donde esperaban encontrar, de una manera o de otra, su queso. Pero la situación no había cambiado: el queso seguía sin estar allí.  Kif analizó la situación una y otra vez, y, al final, su complicado cerebro dotado de un enorme sistema de creencias empezó a funcionar.

-¿Por qué me han hecho esto? -se preguntó-. ¿Qué está pasando aquí?

Kof abrió los ojos, miró a su alrededor e inquirió: -Por cierto, ¿dónde están Oli y Corri? ¿Crees que saben algo que nosotros no sabemos?
-¿Qué quieres que sepan? – espetó Kif en tono de desprecio -.  No son más que ratones.

-Oh, no -repuso Kif-. Voy a llegar al fondo de todo esto. Mientras Kif y Kof seguían discutiendo lo que debían hacer, Oli y Corri no pensaban en otra cosa que no fuera encontrar queso nuevo. Pasaron mucho tiempo sin encontrar nada hasta que, al final, llegaron a una zona del laberinto en la que nunca habían estado: la Central Quesera “N”. Al entrar profirieron un grito de alegría. Habían encontrado lo que estaban buscando: una gran reserva de queso. No podían dar crédito a sus ojos. Era la cantidad más grande de queso que los ratones habían visto en toda su vida.

De vez en cuando, Kof se acordaba de sus amigos los ratones, y se preguntaba sí Oli y Corri ya habrían encontrado Queso.

Las personitas siguieron haciendo todos los días lo mismo que habían hecho hasta entonces: ir a la Central Quesera “Q”, no encontrar queso y volver a casa, llevando consigo sus desasosiegos y frustraciones. Intentaron negar lo que estaba ocurriendo, pero cada vez les costaba más conciliar el sueño, y por la mañana tenían menos energía y estaban más irritables.

Kof empezó a comprender la diferencia entre actividad y productividad. Kof quería creer que Kif tenía razón, así que todas las noches se iba a casa a descansar y a la mañana siguiente volvía con su amigo, de mala gana, a la Central Quesera “Q”, pero el queso seguía sin aparecer.

Las personitas estaban cada vez más débiles debido al hambre y al estrés. Kof empezaba a cansarse de esperar que la situación mejorase. Comenzaba a comprender que cuanto más tiempo estuvieran sin queso, peor se encontrarían. Kof sabía que estaban perdiendo la agudeza.

Entonces hizo acopio de fuerzas y dijo: A veces, las cosas cambian y nunca vuelven a ser como antes. 

Kof miró a su demacrado compañero e intentó hacerlo entrar en razón, pero el miedo de Kif se había convertido en ira y no quiso escucharle. Mientras Kof se preparaba para salir, empezó a sentirse más vivo al tomar conciencia de que por fin era capaz de reírse de sí mismo, vencer el miedo y seguir adelante.

En la pared se leía:

“Sin no cambias te extingues”

Kof se sentía cada vez más angustiado, y se preguntó si realmente quería volver al laberinto. Escribió una frase en la pared que tenía delante y se quedó un rato mirándola.

“¿Qué harías si no tuvieses miedo?”

Decidió que si alguna vez volvía a pasarle algo parecido; se adaptaría al cambio más deprisa. Eso facilitaría las cosas.

“Más vale tarde que nunca”, se dijo con una exangüe sonrisa.

En aquel momento comprendió que el cambio no lo habría pillado por sorpresa si se hubiera fijado en que este se iba produciendo gradualmente y lo hubiese previsto.  Quizás era eso lo que Oli y Corri habían hecho.

Se detuvo a descansar y escribió en la pared del laberinto:

“Huele el queso a menudo para saber cuándo empieza a enmohecerse”

Kof pensó en dar marcha atrás y regresar a la Central Quesera “Q”. Para su sorpresa, vio que cada vez se lo pasaba mejor. “¿Por qué me siento tan bien? -se preguntó -.  No tengo ni una pizca de queso ni sé hacia dónde voy.” No tardó en comprender por qué se sentía de aquel modo. Y se entretuvo para escribir de nuevo en la pared:

“Cuando dejas atrás el miedo, te sientes libre”

Cuanto más clara veía la imagen del nuevo queso, más real se volvía y más presentía que iba a encontrarlo.

Kof escribió de nuevo en la pared:

“Imaginarse disfrutando el queso nuevo antes incluso de encontrarlo, conduce hacia el.”

Kof decidió volver atrás y averiguar si Kif estaba dispuesto a acompañarlo. Mientras desandaba el camino, se detuvo y escribió en la pared:

“Cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se encuentra el nuevo queso”

En esos instantes supo que encontrar lo que necesitaba era sólo cuestión de tiempo. De hecho, ya había encontrado lo que buscaba.

Sonrió y escribió en la pared:

“Es más seguro buscar en el laberinto que quedarse de brazos cruzados sin queso”

Antes pensaba que el queso no debía moverse nunca de su sitio y que los cambios no eran buenos. Ahora veía que era natural que se produjeran cambios constantes, tanto si uno los esperaba como si no. Los cambios sólo podían sorprenderte si no los esperabas ni contabas con ellos.

Cuando advirtió que su sistema de creencias había cambiado, hizo una pausa para escribir en la pared:

“Las viejas creencias no conducen al nuevo queso”

Supo que, al cambiar de creencias, había cambiado de forma de actuar. Todo dependía de lo que decidiera creer. Escribió de nuevo en la pared:

“Cuando ves que puedes encontrar nuevo queso y disfrutar de él, cambias de trayectoria”

Se detuvo y escribió en la pared lo que llevaba tiempo pensando:

“Notar en seguida los pequeños cambios ayuda a adaptarse a los cambios más grandes que están por llegar.”

En esos momentos, Kof ya se había liberado del pasado y se estaba adaptando al futuro. Avanzó por el laberinto con más energía y a mayor velocidad. Y al poco, lo que estaba esperando ocurrió.

Cuando ya le parecía que llevaba toda la vida en el laberinto, su viaje (o al menos aquella parte del viaje) terminó rápida y felizmente.

¡Encontró un nuevo queso en la Central Quesera “N”.!

Al entrar, se quedó pasmado por lo que vio. Había las montañas más grandes de queso que hubiera visto jamás. No los reconoció todos, ya que algunos eran totalmente nuevos para él.

–¡Por el cambio!

Mientras saboreaba el nuevo queso, Kof pensó en todo lo que había aprendido. Se percató de que, mientras había tenido miedo del cambio, se había aferrado a la ilusión de un queso viejo que ya no existía.

¿Qué lo había hecho cambiar? ¿Había sido el miedo a morir de hambre? “Bueno, eso también ha contribuido”, se dijo Kof.

Kof se dio cuenta de que era necesario adaptarse deprisa. Porque si uno no lo hacía, tal vez no podría adaptarse jamás.

Supo que el miedo es algo que uno debe respetar, ya que te aparta del peligro verdadero, pero advirtió que casi todos sus miedos eran irracionales y que lo habían apartado del cambio, cuando lo que él realmente necesitaba era cambiar. Kof pensó en la posibilidad de volver, a la Central Quesera “Q” y tratar de encontrar a Kif, suponiendo que diera con el camino de vuelta hacia allí. Si encontraba a su amigo, tal vez podría enseñarle la manera de salir del apuro. Pero después se dio cuenta de que ya había intentado que su amigo cambiara. Se dirigió hacia la pared más grande de la Central Quesera “N” y escribió un resumen de todo lo que había aprendido:

El cambio es un hecho. El queso se mueve constantemente. Prevé el cambio. Permanece alerta a los movimientos del queso. Controla el cambio. Huele el queso a menudo para saber si está enmoheciendo. Adáptate rápidamente al cambio. Cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se disfruta del nuevo. ¡Cambia!  Muévete cuando se mueve el queso.  ¡Disfruta del cambio!  Saboréala aventura y disfruta del nuevo queso.  Prepárate para cambiar rápidamente y disfrutar otra vez.  El queso se mueve constantemente.

Aún quedaba mucho queso, pero Kof salía a menudo al laberinto y exploraba nuevas zonas para estar en contacto con lo que ocurría a su alrededor. Advertía que era más seguro estar al corriente de sus posibilidades reales que aislarse, en su zona segura y confortable.

Video ¿Quien se llevo mi queso? 1/2

Video ¿Quien se llevo mi queso? 2/2

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